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Living Love Books




Introducción

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Tantra Amor y Sexo
El corazón del sexo tántrico

by Diana Richardson

Me acuerdo de que la primera vez que hice el amor terminé toda disgustada. Una ocasión que para mí era especial y que había esperado con mucha ilusión transcurrió sin pena ni gloria. ´øY para esto tanto ruido y alboroto?´, me pregunté. ´Seguro que debe de haber algo más´, fue mi conclusión.
Desde esa mi primera experiencia amorosa, aunque he procurado llevar lo que se dice una vida sexual sana, siempre tuve una soterrada y latente sensación de que en cuestión de sexo tenía que existir algo más; sobre todo cuando había tantos tabáes y condicionantes en torno a la conducta sexual.
Siempre he encontrado en el sexo un medio de disfrute, si bien nunca conseguí sentirme plenamente satisfecha; como tampoco llegué a involucrarme ni a sentirme atraída por él de la forma que en principio había pensado.
Cuando me di cuenta de que había hecho el amor repetidas veces y de que todavía no tenía un verdadero conocimiento de cómo funcionaba la energía sexual, tomé la determinación de iniciar una seria investigación sobre los misterios del sexo. Lo que me alentaba en esta investigación y lo que me hacía seguir adelante en momentos de desánimo era el hecho de que en varias ocasiones hubo en mi vida algunos aislados episodios de amor que fueron claramente diferentes de los demás.
Cuando esto ocurría, parecía que el tiempo se paraba y se hacía elástico, mientras que el aire y el espacio que me rodeaba se abrían para dar paso a una nueva dimensión de percepción sensual.
Parecía como si de repente estuviese realmente viva y que un soplo de inteligencia interna se apoderara de mí. No tenía ni la más mínima idea de por qué me sucedía esto; lo que sí llegué a entrever es que había algo con respecto al sexo que me quedaba todavía por descubrir.
Ahora sé que no estoy sola.
A lo largo de mis muchos años de trabajar con parejas, me he tropezado con mucha personas que sufrían idénticas desilusiones y se hacían las mismas preguntas.
Al igual que yo, se sentían atrapadas en un círculo que se repetía cada vez que hacían el amor y que casi nunca implicaba algo creativo o nuevo.
Con el tiempo, una situación como ésta acaba inexorablemente en desinterés y aburrimiento. Algunas de estas personas recurren a vídeos y a prendas sexys, mientras que otras cambian a menudo de pareja para mantener el interés y la excitabilidad del acto sexual. A la larga, incluso esto cae en la monotonía y llega a aburrir. Aunque la pareja se siga queriendo, la atracción a menudo desaparece, lo que hace que ambos componentes dejen de expresar su mutuo amor de una forma física.
Esto, más tarde o más temprano, sólo tiene una salida posible: la separación.
Pero a pesar de todo, y movidos por un profundo deseo que raras veces se desvanece, seguimos buscando el más mínimo resquicio para darle a nuestro amor una expresión carnal. Después de investigar intensamente durante muchos años, logré descubrir que una de las experiencias del tantra, la que se refiere a que hay dejar que la energía sexual actáe por sí sola en vez de ejercer presión sobre ella, podría darme aquello que intuitivamente había deseado a lo largo de mi vida.
Fue como si encontrara un manojo de llaves que abriese, una tras otra, toda una serie de puertas. Pero lo que anidó en mi espíritu y lo que me llenó de una inesperada paz interior fue el proceso de descubrir una sorprendente colección de secretos seculares sobre la energía sexual. Me encontré con un lenguaje completamente nuevo; lenguaje que tuve que aprender porque poco a poco se hizo esencial para poder disfrutar de una edificante experiencia de sexo y amor.
Este lenguaje me introdujo en un mundo nuevo y diferente en el que podía ser testigo de cómo desaparecía la rutina sexual para dar paso a la creatividad. Comprobé que muchas de mis ideas sobre el sexo obstaculizaban mis propósitos y que para hacerme con este nuevo lenguaje tenía que desprenderme primero del antiguo.
Pasé varios meses analizando los conceptos erróneos que había heredado de mi sociedad y así puede llegar finalmente a un lugar remansado donde el orgasmo no era un imperativo, cosa que hasta entonces yo había creído que era el eje central de toda relación de tipo sexual.
El verdadero reto al que se enfrentan hoy día los que se aman es mantener fresco y renovado su amor. Es decir, øqué pueden hacer para que crezca o se incremente este amor? En su particular e inteligente enfoque de las cosas del corazón, el tantra nos ofrece unos medios que tienen la virtud de aumentar la intimidad y profundizar el cariño.
Esta práctica hindá y budista, al eliminar muchas tensiones sexuales, acrecienta sorprendentemente nuestra dicha y nuestra sensación de logro.
Esto es lo que muchos hemos anhelado en lo más profundo de nuestro ser y que simplemente no hemos podido hacer realidad.
Tengo un amigo que en cierta ocasión se encontró ante un terrible dilema: quería a dos mujeres y tenía grandes dudas y escrápulos en el momento de decidirse por una. Para resolver de la mejor manera esta situación recurrió a una psicoterapeuta, quien de entrada le hizo esta pregunta: -øCon cuál de ellas disfruta más haciendo el amor? -Con Cathy -le contestó. -Entonces decídete por ella -fue su consejo.
Cuando mi amigo me refirió por primera vez esta historia, me encontraba inmersa en el tedio de una larga relación en la que el sexo había perdido toda su chispa y aliciente, lo que hizo que no llegara a comprender del todo el consejo de esta psicoterapeuta. Ahora sí, ahora lo comprendo perfectamente.
Estoy convencida de que cuando lo sexual es gratificante y satisfactorio, la vida en comán de dos que se quieren transcurre por unos cauces más amorosos y felices.
El entendimiento sexual, además de ser un elemento cohesivo dentro de la pareja, es un campo abonado para la intimidad y la fidelidad. Por el contrario, cuando el sexo es motivo de insatisfacción, se esparce la semilla del descontento a la par que afloran con facilidad los resentimientos, las frustraciones y los temores; esto hace que lentamente se vaya resquebrajando el amor y el entendimiento entre ambos miembros de la pareja hasta llegar a la separación. Nuestro desconocimiento en esta materia es tan generalizado y profundo que se ve como algo natural que la gente joven tenga que estar en continua lucha dentro de su ignorancia para domeñar algo tan natural en la vida como es la energía sexual.
Dado que constituyen recuerdos perturbadores y sombríos que luego nos afectan día tras día, pagamos un precio muy caro por experiencias sexuales desgraciadas o por desaciertos, debidos a la ignorancia, ocurridos en nuestra adolescencia.
El sexo, el amor y la intimidad pueden convertirse en una pesadilla si están dominados por la inseguridad y la falta de confianza. El tantra es, pues, un arte antiguo que, a modo de paliativo, se constituye en reeducador sexual impartiendo una enseñanza a la que nunca tuvieron acceso nuestros padres, abuelos y bisabuelos.
Tras un cierto tiempo, mi experimentación con el tantra me ha mostrado un nuevo estilo de hacer el amor, lo cual no sólo ha jalonado mi vida sexual de vivencias mucho más satisfactorias, sino que también ha dignificado mi propio concepto del amor; de esta forma, la vida misma se ha convertido a mis ojos en algo más significativo.
Antes de esto, tenía la impresión de estar nadando en aguas poco profundas, de no estar segura de cuál era mi papel en la vida y de lo que tenía que hacer o llegar a ser.
Cuando mi pareja y yo, siguiendo los principios tántricos, nos adentramos en las aguas más profundas del juego sexual y saboreamos el fruto de esta incursión, que fue un amor engrandecido, mi vida tomó una nueva perspectiva y me sentí como si estuviese llegando a mi destino.
Ahora pienso que las raíces de la verdadera satisfacción no están fuera, sino más bien dentro de mí; y que el sexo ha sido el vehículo que me ha servido para alcanzar mi parte más íntima, mi mundo interior, mi yo silencioso. Esta experiencia me proporcionó mucha más profundidad y entidad que todas mis ambiciones y logros juntos.
El tantra nos recuerda que la verdadera relajación hay que buscarla en el sexo mismo. Es de lamentar que nuestra sociedad se haya olvidado de la relajación en muchos aspectos de la vida y que el sexo, en particular, se haya convertido en motivo de ansiedad y estrés para muchos de nosotros.
Estamos condicionados por innumerables temores y tensiones en torno al sexo; pero en cuanto comencemos a relajarnos durante el acto sexual, comprobaremos cómo muchas de nuestras ansiedades e infelicidades desaparecen de una manera natural.
Si somos capaces de llevar el relajamiento hasta la misma energía sexual, el confort interior que con ello se produce se irradiará hacia el exterior dando al resto de nuestra existencia el mismo grado de agradable serenidad. El estudio del sexo nos familiariza con nuestro propio cuerpo y sexualidad y también con los de nuestra pareja.
Lo anterior conlleva la aceptación de una verdad muy simple y transparente: que la desnudez es sagrada. A su vez, de esto se desprende una confianza basada en el propio conocimiento. A través de la experiencia del tantra nos damos cuenta de que aquello que siempre hemos deseado está a nuestro alcance; que el amor y la dicha no constituyen un sueño imposible, sino una rotunda realidad.
Para que este sueño se convirtiese en realidad entraron en juego dos elementos materializados en unas casetes y en las palabras de mi maestro. En efecto, mis años de experiencia e inspiración tuvieron como base dos cintas magnetofónicas editadas por Barry Long con el título de Hacer el amor*.
En estas charlas, el autor, además de una perspectiva completamente original del amor y de su práctica, exponía unas ideas revolucionarias sobre los hombres y las mujeres.
Al principio, la magnitud de mi despiste en estas cuestiones era inmensa, pero mi orgullo no me dejaba admitir que en realidad no sabía hacer el amor. Unos cinco años más tarde, y tras reconocer que había llegado al límite de la rutina en lo que a sexo se refiere, presté de nuevo atención a las casetes.
Pero ahora mi actitud había cambiado.
Estando segura como estaba de que había algo con respecto al amor y al sexo que yo a esas alturas todavía desconocía, en esa ocasión escuché las cintas casi con reverencia. La profundidad y el detalle de la información que proporcionaba Barry Long cambió por completo el rumbo de mi vida. A través de sucesivos experimentos que seguían unas normas específicas, fui capaz de plantarle cara y luchar contra mis condicionamientos sexuales. Este trabajo preliminar, esencial por otra parte, me proporcionó la oportunidad de descubrir una nueva ´conexión genital´. Es más, me puso en disposición de comprender y asimilar, de un modo físico, las palabras de mi maestro espiritual, Osho.
Este maestro incorpora una idea de espiritualidad a la práctica sexual; idea que aparece entremezclada con interpretaciones de antiguas escrituras tántricas nacidas en la India hace miles de años. Estas palabras representan hoy un tesoro para la humanidad. Ambas fuentes reproducen la enseñanza tántrica en su más alta expresión.
Este libro pretende compartir con sus lectores una serie de experiencias prácticas sobre la actividad sexual que, en su día, produjeron una profunda y sustancial revolución en mi vida.
Bajo ningán concepto intenta hacer una extensa exposición de los orígenes o de los intrincados aspectos esotéricos del tantra; se trata simplemente del relato de unas experiencias personales de carácter sexológico.
La obra se estructura en tres partes: la primera, denominada ´las raíces´, recoge el potencial divino del sexo y del amor; la segunda, bautizada como ´las claves del amor´, ofrece una serie de consideraciones prácticas relacionadas con el cuerpo y su comportamiento sexual, y, por áltimo, una tercera que intenta estudiar algunos de los aspectos más interesantes del sexo y a la que se le ha dado el nombre de ´el viaje´.
La sexualidad es materia de gran amplitud, y aunque se ha tratado de racionalizar y organizar la información, no se ha podido evitar que algunos temas se uniesen y entremezclaran de una manera natural.
No obstante, si después de leer Tantra: amor y sexo lo tienes como libro de consulta y le asignas la misión de guiarte en tus experiencias sexuales y de aclararte los aspectos más oscuros de ellas, sin lugar a dudas te servirá de ayuda en tus investigaciones personales y lograrás una visión más profunda de lo que es el sexo.


Inspiración

En esencia, el cuerpo del hombre y el de la mujer son iguales; sin embargo, difieren entre sí en muchos aspectos. Y, si nos fijamos bien, vemos que las diferencias tienen siempre el carácter de complementarias. En efecto, todo lo que sea positivo en el cuerpo masculino será negativo en el cuerpo femenino; y lo contrario, todo lo que sea positivo en el cuerpo de la mujer será negativo en el del hombre.
Así que cuando ellos se funden en un profundo orgasmo, se convierten en un solo organismo. Es el supremo momento en que lo positivo se encuentra con lo negativo y lo negativo con lo positivo, formando una sola unidad, un solo circuito de electricidad. De ahí que el sexo atraiga tanto, que fascine tanto.
Y esta atracción no se debe a que el hombre sea un pecador o un inmoral, ni tampoco a que el mundo moderno esté plagado de costumbres licenciosas o que esté atiborrado de películas y libros obscenos, no; se debe a algo con raíces muy profundas, a algo que es eminentemente cósmico.
Esta fascinación nace porque el hombre y la mujer forman cada uno por su parte la mitad de un circuito y este mundo tiene la indefectible tendencia de completar lo que está incompleto.
Con esto se cumple una de las leyes fundamentales: la natural predisposición a culminar las cosas.
La naturaleza abomina de todo lo que esté incompleto. Por eso, al estar el hombre y la mujer incompletos, hay un irreprimible acercamiento entre ellos para buscar ese ánico momento sublime en que se alcanza la culminación, ese instante en que se juntan momentáneamente sus medios circuitos eléctricos para formar uno solo e indivisible.
Y en esto hay que buscar la razón de que ´amor´ y ´oración´ sean las dos palabras más importantes de cualquier idioma.
Con el amor formáis una unidad con otra persona y con la oración con todo el cosmos. Y si nos fijamos en su funcionamiento interior, tanto el amor como la oración presentan idénticas características.

Osho, El libro de los secretos


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